Principios Goujana
Los principios explican cómo se vive cada uno de los cinco valores raíz descritos en Valores Goujana, y están agrupados bajo el valor al que sirven. Son estables: no cambian con el mercado ni con las herramientas. La forma concreta de vivirlos en toda la empresa se define en las normas.
Integridad
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La palabra se cumple. Lo que prometemos, lo hacemos. Si no podremos cumplirlo, avisamos antes.
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Ganamos siendo rectos. El beneficio nunca va en contra de quien confía en nosotros.
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Nada en silencio. Todo reclamo recibe respuesta y todo error propio se reconoce.
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El ejemplo viene de arriba. Quien dirige cumple primero lo que exige.
Historia: El sello del maestro
Un día, el aprendiz más joven de la casa de cuentas descubrió un error en un informe que ya había sido entregado. El informe llevaba el sello del propio maestro. Pasó la noche sin dormir: si callaba, nadie lo notaría; si hablaba, señalaría al hombre más respetado de la casa.
Por la mañana se atrevió a decírselo. El maestro revisó la cuenta, reunió a todos los discípulos y dijo en voz alta: «Me equivoqué. Hoy mismo iré a explicárselo al cliente». Luego se volvió hacia el aprendiz: «Gracias. Desde hoy, el que encuentre un error, aunque lleve mi sello, tiene la obligación de decirlo».
Ese día nadie aprendió una regla nueva. Aprendieron que la regla también aplicaba al maestro.
Moraleja: una casa se sostiene cuando su cabeza es la primera en inclinarse ante la verdad.
Empatía
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Servimos a quien confía en nosotros. Cada esfuerzo se mide por cuánto mejora el trabajo de nuestros clientes.
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Escuchar antes de actuar. Entendemos el problema antes de proponer la solución. Ante la duda, preguntamos.
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Relaciones que suman. Buscamos acuerdos en los que ganan ambas partes y que duran en el tiempo.
Historia: La pregunta del campesino
Un campesino llegó a la casa de cuentas con un saco de recibos arrugados. El discípulo que lo atendió trabajó tres días y le entregó un libro impecable: cada ingreso, cada gasto, cada deuda, perfectamente ordenados.
El campesino lo hojeó en silencio y preguntó: «¿Me alcanza para comprar semillas antes de que lleguen las lluvias?».
El discípulo no lo sabía. Había hecho un trabajo perfecto sin preguntar para qué. Las lluvias llegaron esa semana.
El maestro no lo regañó. Al día siguiente lo sentó junto a la puerta y le dijo: «Hoy no vas a escribir nada. Solo vas a escuchar a cada persona que entre hasta que puedas repetir, con tus palabras, lo que de verdad necesita».
Moraleja: antes de responder bien, asegúrate de haber entendido la pregunta.
Simplicidad
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Si no se puede explicar, no está listo. Lo que hacemos debe poder entenderse con facilidad.
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Cada cosa con su nombre y su dueño. Las palabras significan lo que dicen y toda tarea tiene un responsable.
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Un camino claro. Preferimos una forma común de hacer las cosas. La excepción se justifica y se escribe.
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Foco: elegir es renunciar. Priorizar requiere ignorar. Para priorizar se necesitan deseo y voluntad; para ignorar se necesita fuerza. Ponemos el esfuerzo en pocas cosas que importan y las terminamos. Cuando hay que elegir, decide el orden de nuestros valores.
Historia: Las diez cestas
Un discípulo ambicioso construyó un ábaco de cien filas para llevar a la vez las cuentas de la seda, el té, la sal, el arroz y la porcelana de todo el puerto. Era una obra admirable, pero solo él sabía usarla, y cuando enfermaba, nadie en la casa podía cerrar una cuenta.
El maestro lo llevó al muelle y le pidió que cargara diez cestas de mercancía a la vez hasta el almacén. El discípulo lo intentó: tropezó, se le cayeron unas, recogió otras, y al final no llegó con ninguna.
«Ahora lleva una», le dijo el maestro. La llevó y volvió por la siguiente. Al caer la tarde, las diez estaban en el almacén.
Esa noche el discípulo guardó su ábaco de cien filas y volvió al de siempre, el que hasta un aprendiz nuevo sabía usar.
Moraleja: quien carga diez cestas a la vez no llega con ninguna; lo simple se puede compartir, y lo que se elige se puede terminar.
Aprendizaje
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Cada error deja una lección. Lo aprendido se escribe para no repetirlo.
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El conocimiento es de todos. Nadie debe ser indispensable: lo que uno sabe, se comparte.
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Lo que no se enseña, se olvida. Esta filosofía se enseña a cada persona que llega y se revisa periódicamente.
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Renovarse para no morir. Todo lo que hoy funciona algún día dejará de servir. Exploramos siempre lo que viene y dejamos morir a tiempo lo que ya no sirve, para que la casa siga viva. Probamos rápido, barato y en pequeño. El foco decide dónde trabajamos hoy; la renovación, dónde trabajaremos mañana.
Historia: El cuaderno de los errores
En la casa trabajaba un contador anciano que conocía de memoria a cada cliente, cada trampa de los recaudadores y cada error que la casa había cometido en cuarenta años. Todos acudían a él. Nunca escribió nada: decía que no le hacía falta.
Un invierno murió, y con él se fue la memoria de la casa. Durante dos años los discípulos repitieron errores que él habría evitado con una sola frase, y varios clientes se marcharon.
Desde entonces, el maestro dejó sobre la mesa principal un cuaderno. Cada error, por pequeño que fuera, se escribía allí con su causa y su remedio. El primer día de cada aprendiz consistía en leerlo de principio a fin.
Muchos años después, la casa tenía más clientes que nunca, y nadie recordaba quién había escrito las primeras páginas. Pero todos sabían lo que decían.
Moraleja: lo que sabe uno muere con él; lo que se escribe y se enseña vive con la casa.
Historia: La partida doble
Todas las casas de cuentas del puerto llevaban sus libros en una sola columna, como se había hecho siempre. Un día llegó un comerciante de tierras lejanas con un método distinto: cada movimiento se anotaba dos veces, en el debe y en el haber, y los errores se delataban solos.
Los contadores más antiguos de la casa se opusieron. El método de siempre había funcionado durante cuarenta años; ¿por qué cambiarlo?
El maestro no cambió todos los libros de golpe. Pidió a un solo discípulo que llevara durante una estación las cuentas de un cliente con el método nuevo, junto a las de siempre, y fijó un día para decidir.
Al terminar la estación, el libro nuevo había descubierto tres errores que el viejo nunca vio. La casa adoptó la partida doble y guardó por escrito lo aprendido.
Años después, cuando los grandes mercaderes empezaron a exigir cuentas que cuadraran solas, las demás casas del puerto fueron cerrando una a una, sin entender por qué.
Moraleja: lo que no se renueva, muere; pero lo nuevo se prueba en pequeño y con fecha, antes de apostar la casa entera.
Persistencia
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Lo que se empieza, se termina. Si no podemos cerrarlo, lo entregamos explícitamente a quien pueda hacerlo.
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Rápido, pero no apresurado. Hacemos hoy lo que se puede hacer hoy, sin sacrificar la calidad.
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Pensamos en generaciones. Crecemos con prudencia y decidimos pensando en el largo plazo.
Historia: Los dos pozos
Dos hermanos heredaron un terreno seco junto al puerto. El primero quería agua cuanto antes: cavaba unos metros, no encontraba nada y empezaba otro hoyo más allá. En un año su terreno quedó lleno de agujeros, y ninguno tenía agua.
El segundo eligió un solo lugar y cavó cada día, sin prisa pero sin pausa. Cuando la tierra se volvía dura, reforzaba las paredes antes de seguir, aunque eso le costara una semana. Los vecinos se reían de su lentitud.
Al segundo año encontró agua. Su pozo no se derrumbó con las lluvias, y de él bebieron sus hijos y los hijos de sus hijos.
Mencio lo dijo hace más de dos mil años: un pozo cavado casi hasta el agua, pero abandonado antes de llegar, sigue siendo un pozo inútil.
Moraleja: no gana quien cava más rápido, sino quien cava en un solo lugar, bien, y no se detiene hasta encontrar el agua.
Quién custodia la filosofía
Asamblea de accionistas. La integran los dueños de Goujana. Custodia los valores raíz.
Consejo de Sabios. Lo integran los fundadores y las personas de Goujana que han demostrado durante años una aplicación profunda y constante de esta filosofía. Custodia los principios y las normas, y vela por que se enseñen y se cumplan.
Cómo ser parte. A la Asamblea se pertenece al ser accionista de Goujana. Al Consejo de Sabios se llega por invitación del propio Consejo; la única forma de prepararse es vivir esta filosofía cada día. Cualquier persona puede presentar sugerencias por escrito al Consejo de Sabios.