Deja de sufrir y comienza a Fluir

Valores Goujana

Versión 1.0 · Octubre de 2026

La filosofía Goujana tiene tres niveles: valores, principios y normas. Separa lo que permanece de lo que cambia. Los valores raíz y los principios se mantienen estables durante muchos años. Los métodos, los productos y las herramientas deben cambiar tan rápido como lo exija el mercado.

Valores raíz

Son cinco y están en orden de prioridad. Cuando dos valores chocan, gana el que está más arriba.

  1. Integridad Buscamos la verdad y aceptamos las consecuencias. Cumplimos la palabra y ganamos haciendo lo correcto, también cuando el error es nuestro.

  2. Empatía Entendemos antes de actuar. Escuchamos al cliente y al compañero para resolver su problema real, no el que suponemos.

  3. Simplicidad Buscamos la solución más simple que funcione en la práctica. Si no se puede explicar fácil o no resuelve el problema real, no sirve.

  4. Aprendizaje Aprendemos, enseñamos y nos renovamos. Cada error, conversación o experimento debe dejar a alguien sabiendo más, porque lo que hoy funciona puede dejar de servir mañana.

  5. Persistencia No abandonamos un problema hasta cerrarlo. Insistimos, iteramos y terminamos lo que empezamos.


Parábola: El libro del mercader

En el puerto de Cantón había una casa de cuentas que llevaba tres generaciones registrando los negocios de los mercaderes. La dirigía un anciano maestro, y con él trabajaban cinco discípulos.

Una tarde de lluvia, el mayor de ellos encontró un error. Meses atrás, la casa había anotado mal un pago en los libros del mercader Liang, y por eso el mercader había pagado más impuestos de los que debía. Él todavía no lo sabía.

El maestro reunió a los cinco y les preguntó:

—¿Qué hacemos?

El primero, el más tenaz, dijo: —Trabajaré toda la noche y corregiré cada página. Por la mañana todo estará en orden y nadie notará nada.

El segundo, el más estudioso: —Antes debemos entender por qué ocurrió, para enseñarlo a todos y que no vuelva a pasar.

El tercero, el más práctico: —Hay una forma más simple: una sola anotación de ajuste al final del libro, en lugar de rehacer meses de páginas.

El cuarto, el más amable: —Vayamos a ver al mercader. Quizá ese dinero le hace falta ahora, y lo que necesita no es un libro bonito, sino su dinero de vuelta.

El quinto, que había estado callado, dijo: —Antes que todo eso, hay que decirle la verdad: el error fue nuestro.

El maestro tomó el ábaco y fue moviendo una cuenta por cada respuesta.

—Si corregimos de noche sin decir nada —dijo, moviendo la primera—, cuando él lo descubra no volverá a confiar en ninguna página que hayamos escrito. La persistencia que esconde es solo ruido en la oscuridad.

—Si nos quedamos estudiando la causa mientras él espera —movió la segunda—, nuestro aprendizaje lo estará pagando él con su dinero.

—Si hacemos un ajuste que nosotros entendemos pero él no —movió la tercera—, será simple para nosotros, no para él.

—Y si vamos a visitarlo con amabilidad pero callamos que el error fue nuestro —movió la cuarta—, la amabilidad es solo una máscara.

Dejó el ábaco y miró al quinto discípulo.

—Por eso el orden es este. Primero la verdad, porque sin ella todo lo demás es adorno. Después escuchar, porque solo así sabremos qué problema hay que resolver. Después hacerlo simple, para que él pueda entenderlo y revisarlo con sus propios ojos. Después aprender, para que no vuelva a pasar. Y al final, la persistencia, que no descansa hasta cerrarlo.

—¿Entonces la persistencia vale menos, maestro? —preguntó el primero.

—No —respondió el maestro—. La persistencia es la fuerza de la casa. Por eso va al final: la fuerza sin dirección derriba la casa que quiere sostener.

Esa misma tarde, los cinco fueron juntos a ver al mercader. El quinto le dijo la verdad. El cuarto escuchó lo que necesitaba. El tercero le mostró, en una sola página, cómo quedaría corregido. El segundo escribió la lección para los aprendices que vendrían, y propuso al maestro una nueva forma de revisar los libros para que ese error no pudiera volver a ocurrir. Y el primero no se fue a dormir hasta que el último número cuadró.

El mercader Liang no se llevó sus libros a otra casa. Años después le confió también los de sus hijos, y más tarde los de sus nietos.

Con los años, la casa cambió muchas veces sus libros, sus ábacos y sus métodos. Lo único que nunca cambió fue la forma de tratar a quienes confiaban en ella.

Moraleja


Compromiso de cada persona

Conocer y vivir los valores, los principios y las normas es una obligación de todas las personas que trabajan en Goujana, sin excepción de cargo.


Quién custodia la filosofía

Asamblea de accionistas. La integran los dueños de Goujana. Custodia los valores raíz.

Consejo de Sabios. Lo integran los fundadores y las personas de Goujana que han demostrado durante años una aplicación profunda y constante de esta filosofía. Custodia los principios y las normas, y vela por que se enseñen y se cumplan.

Cómo ser parte. A la Asamblea se pertenece al ser accionista de Goujana. Al Consejo de Sabios se llega por invitación del propio Consejo; la única forma de prepararse es vivir esta filosofía cada día. Cualquier persona puede presentar sugerencias por escrito al Consejo de Sabios.

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